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Envejecimiento saludable

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Tradicionalmente se pensaba la vejez como una etapa de pérdidas, como un proceso de declive universal, acumulativo y gradual y se consideraba que la plasticidad cognitiva, o capacidad de aprendizaje, estaba presente sólo en las primeras etapas de la vida. No obstante, dado al cambio demográfico global y al incremento de la población adulta, en la última década se ha establecido un nuevo paradigma o una nueva consideración del envejecimiento. En la actualidad se afirma que, este periodo, se caracteriza por ser un proceso multidimensional y multidireccional, que existe una gran variabilidad interindividual en el mismo y que la plasticidad cognitiva se mantiene a lo largo de toda la vida, siendo posible llegar a una adultez mayor saludable y libre de discapacidad.

Es cierto que, el envejecimiento, comporta una pérdida natural de algunas funciones que son características de este proceso, pero no son enfermedades: pérdida de cabello, menopausia, menor agilidad, algunos fallos de memoria, cambios en el estado de ánimo, etc. Algunos de estos cambios, como los cambios cognitivos, dependen no solo de la edad, sino que también se vinculan a otras tres variables claves: El tiempo, la genética y el impacto acumulativo. La conjunción de estos tres factores es lo que nos llevará a lograr un envejecimiento típico o un envejecimiento saludable o exitoso.

Es decir, si bien reconocemos que el envejecimiento es una parte integral y natural de la vida, los hallazgos de los últimos años nos obligan a advertir que, la forma en que envejecemos, nuestra salud y capacidad funcional, dependen no sólo de nuestra estructura genética, sino también, y de manera importante, de lo que hemos hecho durante nuestra vida, de cómo la hemos vivido y del estilo de vida que nos encontramos sosteniendo en la adultez.

Factores como la estimulación cognitiva, el optimismo y el humor, los hábitos nutricionales, el ejercicio físico, la disminución del estrés y la socialización son capaces de modificar la trayectoria de un individuo y promover el bienestar en la vejez. Fomentar hábitos saludables y generar conductas destinadas a lograr un envejecimiento óptimo es fundamental.

Los años no vienen solos… Cambios normales relacionados a la edad

Cambios en las funciones intelectuales (cognitivas)

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Contrariamente a lo que mucha gente imagina, la pérdida de la memoria o de funciones intelectuales (cognitivas) no es una parte inevitable del envejecimiento. De hecho, hay personas que viven sus 80 o 90 años con estas capacidades perfectamente conservadas. No obstante, hay ciertas modificaciones en las funciones intelectuales que son esperables a medida que la edad avanza, incluyendo las siguientes:

Se requiere más tiempo para procesar nueva información. Es más difícil aprender nuevas destrezas o, por ejemplo, leer y comprender artículos largos de una revista.

Lleva más tiempo recordar la información. Si bien puede que usted haya sido capaz de recordar fácilmente eventos, nombres y hechos en el pasado, a medida que la edad avanza ya no logra esto tan fácilmente. Un ejemplo común es el síndrome de tener la información en “la punta de la lengua”. En este caso suele suceder que usted sabe la respuesta, pero no consigue recuperar la información de su memoria.

Es más difícil mantener la atención en varios asuntos al mismo tiempo. A medida que envejecemos, los estímulos múltiples se vuelven más desafiantes. Como consecuencia de ello, se requiere, por ejemplo, más tiempo para realizar varias tareas cognitivas a la vez y nos cansamos con mayor rapidez que personas de menor edad. Puede que en el pasado haya sido capaz de cocinar, hablar por teléfono y alimentar a su hijo al mismo tiempo. A medida que pasan los años, posiblemente encuentre que realizar estas tareas a la vez es más difícil y frustrante.

¿Por qué resulta más difícil atender a varios estímulos al mismo tiempo? La función inhibitoria de la atención presenta una mayor vulnerabilidad durante el envejecimiento. Se evidencia así, un declive en la capacidad para excluir información irrelevante y borrar contenidos que ya no resultan importantes. Es decir, en el envejecimiento se hace más difícil suprimir información innecesaria y dejar de atender a estímulos de menor relevancia, lo cual correlaciona directamente con el rendimiento de la memoria.

Factores de riesgo y factores protectores del funcionamiento cerebral

Si bien el campo de investigación en relación a factores de riesgo para el funcionamiento del cerebro sigue ampliándose, la mayoría de los autores coinciden en la actualidad que, además de la edad avanzada, los menores niveles de educación y factores de estilo de vida como el sedentarismo, hábitos de nutrición disfuncionales y el estrés aumentarían la probabilidades de desarrollar un deterioro cognitivo en la vejez.

Es decir que, si bien en el envejecimiento la estructura neurofisiológica del cerebro objetivamente cambiaría, produciendo modificaciones en el funcionamiento cognitivo, éstas no serían universales; la influencia de factores externos haría variar de un individuo a otro este proceso.

Paralelamente, existirían, al igual que factores de riesgo, variables protectoras o estrechamente vinculadas al envejecimiento saludable, tales como la ejercitación física, la actividad social, la participación en actividades de ocio y el entrenamiento cognitivo. La importancia del conocimiento de estos factores radica, fundamentalmente, en la posibilidad de su utilización como medida preventiva, o incluso como posible estrategia de intervención para el detenimiento o reversión del proceso de declive cognitivo una vez iniciado .
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2020 - Se estima que la población de mayores de 65 años será del 20-25%
Vejez demográfica especialmente en América del Sur : Argentina, Uruguay, Cuba y Chile
Los trastornos cognitivos y las demencias incrementan su prevalencia como resultado del envejecimiento progresivo de la población.

Quejas de memoria en el envejecimiento

Las quejas subjetivas de memoria constituyen uno de los motivos de consulta neurológica más frecuente en adultos jóvenes. En general, se considera que las quejas de memoria aumentan con la edad y que, en los mayores, pueden asociarse con múltiples factores (depresión, problemas afectivos, personalidad o calidad de vida autopercibida).

Ante la sospecha y queja subjetiva de pérdida de memoria se debe adoptar una respuesta activa que pasa por acudir a un centro o unidad de valoración de las funciones cognitivas. En CIATEC, se brinda el servicio de valoración neuropsicológica completa, clave para determinar el estado de la memoria y de las restantes funciones intelectuales o cognitivas.
Las baterías de pruebas neuropsicológicas analizan el rendimiento cognitivo en general y el de las funciones mnésicas en particular. Los resultados obtenidos se comparan con los resultados medios de sujetos de la misma edad y nivel cultural; de esta comparación se desprende la conclusión de que los rendimientos obtenidos se hallan dentro de la normalidad o se detectarán déficit mnésicos más o menos preocupantes.

En ambos casos, y especialmente si se cumple la segunda condición, suele ampliarse el estudio a otras funciones cognitivas como son la atención, el lenguaje y las funciones frontales-ejecutivas. A partir de la implicación-afectación o no de otras funciones cognitivas, seguiremos uno u otro camino en el árbol diagnóstico de decisiones.

Cambios emocionales en la adultez mayor

Las emociones son aspectos básicos del funcionamiento humano y deben ser tenidas en cuenta dentro del proceso de cambios que compone el envejecimiento. Para adaptarse de forma adecuada al paso de los años, las personas necesitan disponer no sólo de recursos biológicos y de procesos cognitivos que funcionen de forma eficaz, sino también de la intervención efectiva de estructuras y procesos emocionales y motivacionales que favorezcan dicha adaptación.

Con el paso de la vida acontecen y, sobre todo, se acumulan, numerosas e importantes pérdidas que van a afectar al individuo mayor, a sus emociones, a su condición física y a su situación social. El adulto mayor debe adaptarse progresivamente al cambio (pérdida) del rol laboral con la llegada de la jubilación, muchas veces acompañada de pérdidas económicas y de responsabilidades. Se impone, al tiempo, un cambio en el rol familiar pasando de padres de familia al papel de abuelos, con frecuencia con menor participación autónoma en la dinámica familiar. Estas pérdidas incluyen, por supuesto, duelos frecuentes por amigos, seres queridos, en ocasiones muy dolorosos como la viudez.

Si bien la depresión no es uno de los signos normales del hecho de envejecer, los factores previamente mencionados, asociados al hacerse mayor, pueden ser de riesgo para el desarrollo de síntomas de depresión.

Pérdida de la salud y consecuencias emocionales

Un factor importante que incide en los cambios emocionales en el envejecimiento es la pérdida de la salud. En un gran porcentaje de casos los síntomas depresivos aparecen en el anciano después de una enfermedad grave. Todo esto se encuentra claramente influido por la mayor prevalencia de determinadas enfermedades, como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, la osteoartrosis o las enfermedades neurodegenerativas, que aumentan ampliamente su prevalencia en la adultez mayor.

Una de las enfermedades más frecuentes asociadas con la depresión en la vejez es el accidente cerebrovascular (ACV). Se calcula la incidencia de depresión después de ACV entre un 25-50% de casos, lo que da idea de la magnitud del problema y su repercusión sobre la rehabilitación funcional de estos pacientes. Otros ejemplos clásicos son la enfermedad de Parkinson y la enfermedad de Alzheimer, en las que un alto porcentaje de los pacientes diagnosticados pueden desarrollar depresión clínica en algún momento de la enfermedad. La incapacidad física asociada y la dependencia de terceros, junto con la falta de soporte social, son factores de riesgo demostrado de claudicación emocional e inicio de sintomatología depresiva.
Asimismo, es importante mencionar que, con frecuencia, los adultos mayores tienen más dificultades para identificar y reconocer ante otros los síntomas afectivos y por ello consultarán menos por este motivo. Muchas veces la queja puede ser somática e incluso hipocondríaca. Además, la depresión puede afectar al funcionamiento cognitivo, sobre todo a la capacidad de concentración y a la memoria, dificultando la evaluación. El deterioro cognitivo a veces ya está presente previamente en el adulto mayor deprimido, lo que hace más difícil dicho reconocimiento y puede complicar la evolución del síndrome. La posible patología somática asociada, los factores de riesgo vascular y el más frecuente consumo de fármacos son otros de los factores que contribuyen a que el síndrome depresivo en el anciano adquiera unas peculiaridades especiales que hay que considerar.

Deterioro cognitivo y depresión.

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En adultos mayores, una relación frecuente suele darse entre el deterioro cognitivo y la depresión. Puede aparecer déficit de memoria y deterioro ejecutivo en un cuadro depresivo diagnosticado, o aparecer sintomatología depresiva en un paciente con demencia establecida. Al inicio de estos cuadros existe una verdadera dificultad para establecer diferencias entre lo que puede ser debido a depresión y lo que está señalando hacia demencia.

El déficit más frecuentemente encontrado en estos adultos mayores deprimidos ha sido la afectación de memoria, fundamentalmente en los mayores cuyo primer episodio depresivo ocurría más temprano. Este déficit de memoria parecía amortiguarse con la mejoría de la depresión, quedando por aclarar si pudiese ser, a la larga, un predictor de demencia. En otros casos, menos frecuentes, en que lo predominante es la disfunción ejecutiva frontal, se presentaría mayor deterioro de la capacidad funcional, persistencia de los déficits mnésicos a pesar de la mejoría del síndrome depresivo y, en general, pueden predecir mala respuesta al tratamiento, recurrencia y mayor tendencia a la cronicidad.

La psicología positiva y el envejecimiento

La psicología positiva, reciente área que aborda los aspectos más positivos del ser humano, tiene un extenso campo de acción en todo lo relacionado con la vejez, una etapa de la vida que puede ser muy reforzante y satisfactoria en la que la colaboración del medio ambiente es esencial. La vejez, que en sí misma no es un problema, sino que se convierte en problema cuando deja de tener un lugar y una función en la sociedad.
Los seres humanos conservamos mientras vivimos una gran estabilidad en nuestros rasgos más sobresalientes: los cordiales siguen siendo cordiales con el paso de los años, los rezongones rezongan mientras viven y los optimistas siguen siendo optimistas a pesar de experimentar grandes cambios en sus circunstancias vitales. El optimismo es, desde este enfoque, fundamental.

La evidencia científica presenta datos cada vez más sólidos que indican que, los estados de ánimo positivos, llevan a la gente a pensar y procesar la información de un modo más flexible, que favorece la ampliación del repertorio de habilidades de afrontamiento y la implicación en el desarrollo personal y logro de metas significativas, entre otros beneficios. La aceptación consciente de lo vivido, la integración de la propia historia y el manejo de sentimientos, como la soledad, son esenciales para encontrar felicidad en esta etapa.

Correlatos neurales de memoria y envejecimiento

El envejecimiento es un proceso que afecta de forma heterogénea a las células que conforman los seres vivos. En este proceso, los cambios a nivel cerebral son numerosos. Anatómicamente, existe, por ejemplo, un descenso del peso y del volumen cerebral, un ensanchamiento ventricular y un estrechamiento de las circunvoluciones cerebrales.

Asimismo, en el envejecimiento normal, se observan cambios a nivel de corteza prefrontal e hipocampo (girus dentado y subiculum) que pueden dar cuenta de la declinación en memoria observada. Hallazgos provenientes de estudios de neuroimagen funcional de memoria en adultos mayores han revelado distintos patrones de activación, posiblemente por la variabilidad que existe en esta población. Así, algunos estudios revelan una reducción de la activación en áreas temporales mediales y en corteza prefrontal durante el proceso de codificación, mientras que otros estudios revelan una sobreactivación en relación a adultos jóvenes, posiblemente implicando un mecanismo de compensación con el reclutamiento de otras áreas complementarias del otro hemisferio o reorganización funcional del cerebro en individuos que tienen un envejecimiento particularmente exitoso.
En la Enfermedad de Alzheimer (AD), la neuropatología es precoz y evidente en la corteza entorrinal y en el hipocampo. Esto explica el compromiso temprano de la memoria episódica, para después extenderse a otras áreas del neocortex (lóbulo parietal, temporal lateral y corteza prefrontal) implicando la memoria semántica.

Los cambios en la sustancia blanca se presentan tanto en el envejecimiento típico como en la Enfermedad de Alzheimer. Se ha observado un incremento de las hiperintensidades en sustancia blanca con la edad, con un aumento de la difusión de moléculas de agua en esta zona, sugiriendo una pérdida de la integridad de la misma. Posiblemente la declinación de memoria y función ejecutiva observada en las personas de edad pudiera relacionarse a la alteración de la conectividad entre las distintas regiones cerebrales.

Estrategias de prevención primaria y secundaria: Club Entrena tu Mente

Los programas de prevención están destinados a adultos saludables (prevención primaria) y con deterioro cognitivo leve (prevención secundaria).
En CIATEC, brindamos el programa preventivo CLUB ENTRENA TU MENTE, que consta de 4 módulos principales:



Cada persona, familiar o profesional puede seleccionar los módulos que deseen, atendiendo a sus necesidades y preferencias personales. Puede contar, además, con informes de rendimiento y con diferentes niveles de entrenamiento.

Igualmente, se generan reportes de evolución y recomendaciones, para que el paciente pueda conocer y seguir de cerca el estado de su salud. La educación y la información continua al paciente sobre su estado de salud, son dos pilares fundamentales para asegurar el compromiso a largo plazo con su tratamiento.
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